“Cuando decía: ‘Mis pies vacilan’, tu misericordia, Señor, me sostenía. Cuando estaba lleno de pensamientos inquietantes, tu consuelo alegraba mi alma” (Sal. 94:18-19).
Durante varios días experimenté dolor en las articulaciones y en la espalda. No dejaba de quejarme y hablar de mi dolor físico, adoptando así una actitud derrotista. No me daba cuenta de que esto afectaba mi estado mental y mis relaciones con mis seres queridos, pero mis hijas lo notaron, ya que no me reía de sus bromas y no participaba en sus conversaciones. Me mantenía seria y no expresaba emociones. Mi hija mayor me preguntó:
- Mamá, ¿por qué no te ríes?
Varios respuestas pasaron por mi mente. Todas eran excusas lógicas relacionadas con el dolor que sentía. Pero entonces el Señor me impulsó a cambiar mi actitud.
El Espíritu Santo nos ha bendecido con el don de la alegría. En lugar de centrarme en mi dolor, debilidad y cansancio, podía optar por apoyarme en la inmutable alegría en Dios. Cuando comencé a reír de nuevo con mis hijas, sentí alivio en mi alma y mi comportamiento cambió.
Podemos vivir con alegría, incluso en medio del dolor. El Señor nos da la satisfacción de la alegría cuando alineamos nuestra voluntad con la de Él.
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* Las citas bíblicas son de La Biblia, nueva traducción de los idiomas originales © Sociedad Bíblica Búlgara 2013