«También a vosotros, que en otro tiempo erais ajenos a Dios y enemigos por vuestra inclinación a las malas obras, ahora Él os ha reconciliado mediante la muerte de Su cuerpo mortal, para presentaros santos, inmaculados e irreprensibles ante Él. Solo debéis permanecer firmes e inamovibles en la fe y no dudar en la esperanza del evangelio predicado a toda criatura bajo el cielo, el cual habéis oído y del cual yo, Pablo, me he hecho servidor» (Col., cap. 1, vers. 21-23*).
Aprender algo nuevo o intentar manejarnos en una situación desconocida puede ser abrumador. ¿Por dónde empezamos? ¿Cómo podemos saber que estamos haciendo lo correcto o que vamos en la dirección correcta? Sin guía es fácil perdernos y desanimarnos.
En el pasaje bíblico de hoy, el apóstol Pablo describe la esperanza del evangelio, del cual se ha convertido en servidor (vers. 23). Esta esperanza había estado «oculta por siglos y generaciones, pero ahora es revelada a sus santos» (vers. 26*). Estos versículos nos enseñan que hay un camino adelante para nosotros. Ya no estamos perdidos y vagando en la oscuridad. Cristo vino para nosotros y se hizo semejante a nosotros, para que nosotros, a nuestro turno, nos hagamos semejantes a Él.
Como hijos del Padre celestial, hemos sido introducidos a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo (1 Pedro, cap. 1, vers. 3). Gracias a nuestro Salvador, ya somos aceptados en lugar de condenados y estamos destinados a la vida eterna con Dios en el cielo, en lugar de la muerte espiritual. Poseemos Su Espíritu en nosotros, para consolarnos y guiarnos en tiempos difíciles, así como la sabiduría de la palabra de Dios, que nos ofrece orientación.
Como cristianos tenemos una seguridad eterna, gracias a nuestro amoroso Salvador, en quien somos presentados «perfectos» (Col., cap. 1, vers. 28*). Jesucristo es nuestro compañero, amigo y nuestra inmutable fuente de esperanza.
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* Las citas bíblicas son de Biblia, nueva traducción de los idiomas originales © Sociedad Bíblica Búlgara 2013