„Me esfuerzo por alcanzar la meta, la recompensa del llamado celestial de Dios mediante Jesucristo“ (Fil. 3:14*).
Hace unos años, a mi padre, quien fue pastor durante 50 años, se le diagnosticó un tumor maligno en el cerebro. La enfermedad puso fin a su ministerio pastoral y era muy fácil para él sucumbir a la autocompasión. Pero se mantuvo firme. Cuando lo trasladamos a un hospital especializado, su silla de ruedas, que también se había convertido en su cama, se transformó en su nuevo púlpito. Él recorría los pasillos con ella, contando a todos acerca del Señor Jesús. Cuando había alertas de tornado y todas las camas se trasladaban a los corredores interiores, papá comenzaba a cantar himnos para animar a los demás pacientes y calmar sus miedos. De muchas maneras, su influencia fue más fuerte que nunca en los últimos días de su vida.
Algunas personas creen que sus mejores días ya pasaron. La verdad es que depende de nosotros si los mejores días han terminado o están por venir. Es una decisión que tomamos cada día. En Filipenses, mientras el apóstol Pablo está en prisión y espera una sentencia de muerte, declara su decisión de mirar hacia arriba, esperando que sucedan cosas aún más increíbles. Nos exhorta a dejar el pasado atrás y esforzarnos hacia un llamado superior.
El Señor no ha terminado con nosotros. Cuando sentimos que falta propósito en nuestra vida, podemos pedirle una nueva perspectiva, centrada hacia el futuro, y la confianza de que nuestros mejores días están por venir.
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* Las citas bíblicas son de Biblia, nueva traducción de los idiomas originales © Sociedad Bíblica Búlgara 2013